Autoridades de Protección Civil de Acapulco lanzaron una alerta sobre la caída de posibles lluvias con elementos radiactivos provenientes de Japón, donde la central nuclear japonesa de Fukushima resultó dañada por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo.
La nube radioactiva procedente de aquella región del mundo podría afectar la zona del puerto guerrerense. Aunque por el momento las áreas más susceptibles de afectación son Alaska y el norte de los Estados Unidos, existe la posibilidad de que “nosotros también tengamos aquí algo de partículas radiactivas en nuestra atmósfera”, dijo el pasado 30 de marzo el director de Protección Civil de Acapulco, Melquiades Olmedo Montes,
Preocupante resulta en verdad este llamado de atención hecho por las autoridades municipales de aquel puerto, pues si Acapulco, su población y sus visitantes corren riesgo durante las primeras lluvias de la próxima temporada, es factible pensar que más zonas del territorio nacional resientan estos nocivos efectos.
Los responsables del gobierno federal en los ámbitos de protección civil y del medio ambiente debieran estar ya trabajando sobre algún programa con medidas de prevención, a fin de proteger la salud y la vida misma de miles o cientos de miles de personas expuestas a un peligro como el señalado por Olmedo Montes.
Para empezar, sería indispensable iniciar en los medios de comunicación y en las escuelas de todo el país una campaña, sin tintes alarmistas, para orientar a la población de Acapulco y otros lugares del país a tomar las precauciones necesarias como usar paraguas e impermeables. ante los eventuales niveles de radiactidad que pudieran llegar a México desde Fukushima, en el este de Japón.
Este riesgo existe aún más cuando la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha confirmado la detección de niveles de radiactividad afuera de la zona de exclusión de 20 kilómetros alrededor de la planta nuclear de esa localidad nipona, debido a que la compañía Tokyo Electric Power Co. (TEPCO) no ha podido controlar la fuga radiactiva.
La AIEA ha confirmado que la concentración de radiactividad es “extremadamente alta”, por lo que tendrían que llevarse a cabo nuevas evacuaciones obligatorias, así como quizá demoler todos los reactores de la central nuclear de Fukushima, como lo ha sugerido el gobierno japonés.
La compañía TEPCO ha considerado inevitable desmantelar los cuatro reactores dañados en la planta. 'No tenemos otra opción”, dijo hace unos días Tsunehisa Katsumata, vicepresidente de la compañía, ante el hecho de que el nivel de yodo radiactivo en aguas del mar cercano a la central nuclear supera tres mil 355 veces el límite de seguridad.
Y es que desde que fallaron los sistemas de enfriamiento en los reactores después de la catástrofe del 11 de marzo, en cuatro de los seis reactores de la planta se han registrado accidentes que han liberado materiales radiactivos en el aire y en el mar que pudieran llegar a regiones tan lejanas como Acapulco.
Al presidente Calderón poco o nada se le ha oído decir sobre acciones preventivas, mientras que los gobernadores de los estados parecen estar contagiados por el inmovilismo gubernamental federal, o convencidos por la frase del titular de la Semarnat de que “Japón está muy lejos”.
¿Hasta cuándo habrá una reacción interesada y preocupada por la gente?
Por Germán Contreras
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