lunes, 6 de junio de 2011

Cuidar nuestro planeta es cuidar nuestra salud

El calor extremo experimentado en gran parte del mundo es algo que no podemos dejar de notar, y es bien sabido que se debe al cambio climático que ha elevado la temperatura promedio de la tierra y afecta nuestro estilo de vida, y por supuesto nuestra salud. Y es que al afectar el clima en ciertas zonas se desencadenan fenómenos meteorológicos para los que ciertamente no estamos preparados, por ejemplo tenemos un mayor número de huracanes, sequias, lluvias, e incluso se ve afectada la distribución de las estaciones provocando mayores enfermedades infecto contagiosas.

Recordemos que todo lo que sucede a nuestro alrededor influye positiva o negativamente en nuestra salud física y psíquica, es imperativo hacer una pausa para reflexionar sobre el daño que le hemos hecho a nuestro planeta y a nosotros mismos. Y es que en 2008 se calculaba que en el último siglo se calentó el planeta tierra aproximadamente 0.75 °C, con un aceleramiento importante en esa cifra, aumentando actualmente 0.18 °C por década. Esto tiene como consecuencia diversos fenómenos meteorológicos catastróficos, entre los más mencionados esta la disolución de los glaciares que lleva al aumento del nivel del mar, o la mayor frecuencia e intensidad de las lluvias en ciertas partes del planeta.

Y es que las altas temperaturas aumentan el riesgo de sufrir deshidratación, sobre todo en los niños y ancianos, también aumentan los niveles de alérgenos, provocando más casos de asma y alergias. Sin contar con que los alimentos se descomponen más rápidamente y se vuelve más propensa la población a sufrir de enfermedades diarreicas, con un impacto mayor en zonas de bajos recursos.

En zonas donde aumenta la cantidad de lluvia tenemos graves problemas de seguridad en las viviendas, se ve afectada la higiene, hay mayor riesgo de agua estancada y por lo tanto de que aumente el número de mosquitos que puedan trasmitir enfermedades que pongan en riesgo la salud de la población. Y es que observamos que las estaciones del año ya no se parecen en nada a lo que eran antes, y tampoco la distribución geográfica de los diversos tipos de clima. El ejemplo más común de enfermedades dependientes del clima es la malaria, que se trasmite por el mosquito Anopheles y que anualmente se calcula cobra la vida de un millón de personas, sobre todo en el continente Africano, más específicamente en los niños menores de 5 años.  Aquí en México es más común el dengue, trasmitido por otro mosquito, este del género Aedes, que depende de las condiciones climáticas calurosas y la pobre higiene que permite el estancamiento de agua, muy común en Guerrero, Oaxaca, Campeche, entre otros. Se calcula que el cambio climático podría poner en riesgo a 2000 millones de personas más a la trasmisión del dengue para 2080.

Pocas veces se menciona, pero también es importante la forma en que el calor extremo afecta nuestras relaciones interpersonales y estado de ánimo.  Ya antes establecimos que el nivel del mar aumentara considerablemente en los próximos años, esto aunado a que más de la mitad de la población mundial vive a menos de 60 km del mar equivale a un desplazamiento de la población a zonas más altas y al inminente hacinamiento. Más calor, más personas y menos espacio también es un foco de alerta para aumento en el caso de trastornos mentales.

Y así podría seguir citando las múltiples consecuencias del calentamiento global, pero basta con que nos tomemos un momento para pensar: “¿Cómo me ha afectado hoy el calentamiento global?” Seguramente vendrán a la mente muchas cosas.
Es hora de tomar conciencia y decisiones. Cuidar nuestro planeta es cuidar nuestra salud.

Por : Dra. Mariana Arzate. 

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